Los termómetros de mercurio en el ámbito hospitalario
Los termómetros de mercurio pueden originar un riesgo para la salud. Un termómetro contiene alrededor de 0,7 a 1,5 g de mercurio y constituye la fuente de emisión individual al ambiente más importante de mercurio.
La rotura de los termómetros de mercurio provoca la dispersión de este metal pesado que habitualmente es difícil de recoger. Una vez liberado, el mercurio es altamente tóxico y difícil de eliminar. Vertido al medio ambiente, puede contaminar aguas y suelos y pasar a la cadena trófica. Además, si es ingerido por el hombre de forma continuada, puede afectar al funcionamiento del riñón y al sistema nervioso y producir malformaciones congénitas.
Es muchos países de la UE ya está prohibido su uso en hospitales (Noruega, Dinamarca, Suiza, Suecia, Portugal, etc) y en otros está prohibida también su venta en farmacias (Francia).
Actualmente la Unión Europea (UE) aconseja la eliminación de los termómetros tradicionales y desaconseja su comercialización. En España el uso de termómetros de máxima de mercurio esta regulado por el Real Decreto 414/1996.